viernes, 24 de julio de 2009


Todos "luchamos" con nuestras personalidades. Y hasta a veces es divertido, otras no tanto. Pero, Qué es una personalidad? una personalidad es algo, un estereotipo que "me construyen" los demás que esperan que yo reaccione de determinada manera.

Cuando me hablan de mi personalidad yo estoy seguro que no están hablando de mí, porque yo soy más que la suma de todas mis personalidades. Con esto quiero decir que no soy una única personalidad, que no hay una personalidad que me abarque, como estoy seguro que no hay personalidad que abarque a nadie.

Armamos nuestras personalidades en base a lo que los demás nos piden, hasta lo hacemos, las más de las veces, sin consciencia de estar haciéndolo. Si hago un chiste y los demás se ríen y dicen que tipo gracioso que soy, probablemente yo aprenda que "ser un tipo gracioso" es bueno porque me aceptan... y desde este lugar construyo una personalidad.

Una vez que nos "encasillan" en una personalidad ya nos volvemos predecibles... "no, él es bueno, por que haría eso?", "si vos nunca hiciste eso!" estas son cosas que se escuchan cuando alguien trasciende el límite de la personalidad que los demás conocen de nosotros. Nos encasillan en ellas porque así somos predecibles, así somos algo "seguro"... a quién le gusta la inseguridad? cuanta gente se queda donde está solo porque ese es un lugar conocido? cuanta gente no sigue solo por su miedo a lo que no sabe que vendrá?

Esta es la trampa de la personalidad.

Yo no quiero una personalidad para mí, quiero la libertad de ser yo a cada momento, quiero poder hacer lo que siento, vaya eso o no acompañado de lo que mi "personalidad" diga. Para tener personalidad hay que estar aferrado a algo, a una idea, y no salirse del papel nunca, ese es el precio que hay que pagar; Y estamos tan acostumbrados a esta palabra -como a tantas otras- que nunca pensamos lo que decimos, o simplemente desconocemos su significado...

Así que desde aquí dejo asentada otra posibilidad: la de ser tan impersonales como para ser uno mismo en cada momento de la vida. Sin importar lo que los demás nos pidan que seamos.

Sin importar lo que un día fueron y hoy no son más...


Personalidades (Oliverio Girondo)

Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. En mi, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad. Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C. ¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan. ¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo - me pregunto - todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora? El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues mas profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto... Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.*

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