Ha pasado el tiempo, he terminado una carrera, he finalizado un año complicado y puedo decir que estoy disfrutando cada etapa, cada tramo de este camino que estoy haciendo. No recuerdo haber sentido nerviosismo o ansiedad ante un examen, aún en las, gracias a dios, pocas oportunidades en que me ha ido mal, no recuerdo haber renegado de una clase, incluso estadística fue una materia que logré disfrutar en su momento. Hace mucho que Noe siento obligado a TENER que estar en algún lado...
Todo empezó allá por mis pocos, poquísimos años de edad, cuando era muy chico y muy gordo también (a los 16 años estaba pesando 125 Kgs.) recuerdo cómo mi infancia y parte de mi adolescencia esta marcada por un apodo, “el gordo” era para la mayoría de las personas y, aún hoy, 50 kilos por debajo de ese peso, sigo siendo el gordo para muchos de mis amigos.
Recuerdo cómo me sentía rechazado y cómo de frustrante era el tratar de acercarme a las personas, especialmente a las chicas.
Recuerdo una vez en particular, yo estaba en séptimo grado y quería invitar a comer a Pumper nic (una especie de Mc donalls extinto) a Natalia, mi amiga que en ese momento me gustaba… lo recuerdo y me da ternura! Recuerdo haber ido hasta la puerta de la casa junto con un amigo de ese entonces, Alejandro y haber estado en la puerta de su casa por al menos dos horas tratando de juntar coraje para enfrentarla e invitarla a almorzar. Claro que mi amigo me alentó de todas las maneras habidas y por haber hasta que al fin me animé… Yo conocía a toda la familia de esta chica y me adoraban; a decir verdad yo era una especie de “gordito querendón” por estas épocas. Recuerdo que al abrir la puerta la mamá de Natalia me abrazó me besó y yo estaba muerto de vergüenza. Cuando salió Natalia yo era una especie de tomate rojo y redondo parado en la puerta balbuceando hasta que mi pobre amiga logró traducir que lo que yo intentaba hacer era invitarla a comer. Cuando al fin lo entendió me dijo automáticamente que sí. Igualmente nunca se concretó ese almuerzo... Incluso hoy en día me cuesta saber que lo bueno que me pasa en la vida, de un modo u otro, ya me lo he ganado. Les cuento todo esto porque fue durante esa etapa de mi vida en que yo quería que la gente, especialmente las chicas, se den cuenta que yo era un chico como cualquier otro y uno muy enamoradizo para colmo.
Siempre que me acercaba a alguna chica que me gustaba lograba tener una linda relación con ella hasta que me animaba (o era demasiado obvio para seguir ocultándolo) y le contaba que yo estaba enamorado de ella. En este punto, inevitablemente aparecía una frase magistral ante la que nunca lograba encontrar respuesta: todo bien, yo te quiero mucho pero…”te quiero como amigo”. Aaaah si, creo ser el hombre que más ha escuchado esa frase en el mundo! Jaja?
Entonces... ¿que increíble estrategia adopté para que me quieran, para que se enteren lo que en verdad había en mí? Que increible metodologia utilice para que me acepten asi como era? Simplemente aprendi a mantener en secreto mis sentimientos y trataba de acompañar lo más que podía (siempre como amigo, ojo) a estas personas. Y fue esto mismo, creo yo, lo que me dio desde pequeño la “habilidad” de darme cuenta de lo que le está pasando a la gente que me importa (y a la que no me importa tanto, a veces también).
Fue esto mismo, creo yo, lo que hizo que me esforzara en encontrar lo hermoso que la gente tiene en sí, lo que no siempre muestra… porque yo quería que lo vieran en mi!
Desde entonces el encuentro verdadero con las personas me ha movilizado incesantemente. Primero estudié para ser entrenador personal, después estudié nutrición deportiva y lo que descubrí de esto y de aquello es que tanto lo uno como lo otro lo hacía para llegar a la gente. Cinco años trabajando en una sala de complementos para darme cuenta que la gente no necesitaba tanto la actividad física como necesitaba el verdadero contacto… y eso era lo que yo intentaba darles… claro que no era idílico, ganaba una miseria, me llevaba buena parte del día, se atrasaban en pagarme y aún así lo hice durante cinco hermosos años. Y algo de verdad debe de haber en lo que digo sino cómo se explica que mi turno, de los tres que había en el gimnasio, era el único que llegaba a tener 75 personas mientras que los otros dos turnos tenían menos de 20? Algo me pareció haber descubierto, algo relacionado a mí mismo.
Me gusta escuchar a la gente, me gusta ayudarla a volver a su centro si es que puedo, me gusta estar en el camino de la búsqueda constante y conocerme, saberme cada vez mejor gracias a los encuentros que tengo con la gente que es hermosa.
Y aquí estoy hoy, a mis 31 años, aún ganando una miseria, levantándome a veces a las 4 de la mañana para ir a la Facu, esta vez como profe, para hacer lo que otros hicieron una vez por mi, mostrar que hay algo que vale la pena aprender, aunque mas no sea por el simple hecho de que hay alguien que esta ahi para enseñarlo.
Hay quienes piensan que a estas alturas de mi vida ya debiera tener casa, auto, algun crío... Y digo yo, por qué habría de tener prisa? No existe la meta, no existe la llegada, sólo existe el camino y yo… yo disfruto mientras camino y me encuentro con gente, gente como ustedes…
Vive a pleno, camina a tu ritmo y a tu modo
El Loko Maxy