
Entonces... ¿Qué relación podría existir entre estas tres palabritas? En principio podemos decir que son palabras que definen estados plenamente humanos, ningún animal, que sepamos hasta hoy, tiene la facultad de sentir ninguna de ellas. Si bien se podría argumentar que en algunas situaciones algunos animales se sienten vulnerables, esta afirmación tiene más que ver con una proyección del ser humano que lo dice que con un estado real del animal en cuestión.
¿Quién, de todos quienes lean estas palabras, no tienen o han tenido en algún momento el deseo de no ser vulnerables? Creo que todos, de una u otra manera, renegamos de nuestra vulnerabilidad. Sin embargo, la vulnerabilidad es un rasgo típicamente humano, un rasgo sin el cual las relaciones que mantenemos, los vínculos que tenemos, no serían ricos, ni cálidos ni se apoyarían en la confianza. Mucha gente confunde la vulnerabilidad con la debilidad y son, claro está, muy diferentes. Soy vulnerable cuando me sé capaz de recibir daño; soy débil cuando no puedo recibir ningún daño o no puedo afrontar el peligro que implica recibirlo. La debilidad me aleja de las personas, la vulnerabilidad me acerca a ellas. Cuando veo a alguien caminar erguido y confiado, casi avasallante, sé que estoy observando a alguien que no acepta su vulnerabilidad y que por lo tanto se protege dentro de una coraza en donde cree estar a salvo (error) pero también está sólo...
La vulnerabilidad está en estrecha relación con el amor, mientras más vulnerable me puedo mostrar, tanto más podrá alguien conocerme y cuidarme.
No está de más repetirlo: Vulnerable no significa débil. Esta creencia, esta confusión es muy peligrosa... ¿cúantos de todos nosotros hemos confundido estas dos cosas? ¿Cuántos de todos nosotros hemos estado a punto de hacer o decir algo que nos dejaría vulnerables y nos detuvimos porque pensamos que hacerlo significaría mostrarnos débiles?
Hay una señora que estudia estas cosas, llamada Brené Brown, que define la vulnerabilidad como "Riesgo emocional, exposición e imprevisibilidad" y ella relaciona la vulnerabilidad con el CORAJE, no con la debilidad. Si lo pensamos un momento, tiene mucho sentido... Crear, innovar, definir nuestro propio camino, son todas cosas que nos exponen vulnerablemente. Crear algo es hacer algo NUEVO que no existía antes... ¿Qué cosa más vulnerable que esa podría existir?
Entonces, ¿Qué pasa con la vergüenza, qué papel juega en todo esto? La contracara, la sombra, el reverso de la vulnerabilidad no es la la fuerza o el poder, el reverso de la vulnerabilidad es la vergüenza. La vergüenza es esa voz en nuestra cabeza que nos dice que no vamos a poder, que está mal eso que somos. La vergüenza nos habla en situaciones críticas, cuándo más necesitamos de nuestros recursos y capacidades.
Por ejemplo justo antes de pararme frente a un curso, ya sea de nutrición ó de entrenamiento o de psicología, la vergüenza en mi cabeza me dice que no voy a poder, que soy débil, que no soy licenciado en nutrición como para hablar de nutrición ni profesor de educación física como para hablar de entrenamiento ni tengo mucho tiempo de psicólogo como para hablar de psicología... La vergüenza en mi cabeza me susurra, en una reunión social, que soy un tipo aburrido, que no se puede hablar conmigo, que soy esencialmente malo...
La vergüenza tiene dos grandes argumentos: El primero dice que "Nunca eres suficientemente bueno" y si lográs superar este argumento llega el segundo: "¿Quién te creés que sos vos para hablar?" La vergüenza nos jode con sus dos argumentos, no hay forma de escapar de ellos si los dejamos hablar...
Y así como diferenciamos la vulnerabilidad de la debilidad, también tendremos que diferenciar la vergüenza del sentimiento de culpabilidad. La culpabilidad está centrada en algo que hice, en un hecho. La vergüenza está centrada en la persona. Culpabilidad es "Yo hice algo malo", vergüenza es "Yo soy algo malo"
¿Por qué es importante diferenciar la vergüenza del sentimiento de culpabilidad? Según las investigaciones de Brown, la vergüenza, el sentirse uno mismo malo, el sentirse un error, una porquería, un algo sin valor está altamente correlacionado con adicciones, violencia, depresión, agresión, suicidio y desórdenes de alimentación. Y lo más importante quizás, el sentimiento de culpabilidad está INVERSAMENTE relacionado con estas patologías.
Pero antes de que empecemos a despreciar a la vergüenza debemos saber que es una opción sana... al menos todo lo sana que puede ser en contraposición a quienes no sienten nada de vergüenza: los sociópatas y psicópatas no sienten vergüenza porque para sentir vergüenza es necesario tener cierta capacidad de empatía, cosa que los socio y psicópatas no tienen.
La vergüenza está organizada por género, esto quiere decir que hombres y mujeres la sienten de igual manera PERO la sienten ante distintas situaciones. Para ellas es vergonzoso no poder con todas las tareas que se imponen realizar: lavar, cocinar, preparar la comida, trabajar de 9 a 18, cuidar a los chicos, ir al gimnasio y quedar, al final de día, luciendo como una reina sin perder una gota de sudor. Para ellas lo vergonzoso es no estar a la altura de las (enormes) expectativas que pesan sobre ellas. Para ellos, por otro lado, lo vergonzoso es más simple (como todo en el hombre, vamos) demostrar debilidad. El hombre no puede permitirse mostrarse débil ni, en muchos casos, vulnerable. Si lo piensan bien éste es también otro disfraz de la misma vergüenza que aqueja a la mujer: "Yo puedo con todo".
La vergüenza es algo epidémico en nuestra sociedad y esto afecta a todo, el modo en que nos relacionamos, el modo en que trabajamos, el modo en que nos comunicamos, nos ayudamos y nos encerramos... Si de verdad queremos encontrar un camino de vuelta hacia los otros, hacia nuestros pares, el antídoto es la empatía, la (hermosa) capacidad de sentir con el otro. La vergüenza necesita de tres cosas para volverse algo monstruoso: Secreto, Silencio y Prejuicio. La empatía es capaz de detener estas tres cosas que alimentan a la vergüenza.
Dice Brown que existe un antídoto contra la vergüenza y que ese antídoto son sólo dos palabras: "Yo también" Porque todos adolecemos de lo mismo, todos crecimos regados por la misma cultura y las mismas exigencias que nos impone esta sociedad.
Quizás ahora, al final de todo esto que he escrito se pueda entender la relación profunda entre estas tres palabritas que parecían tan distantes: Si vamos a encontrar un remedio para la vergüenza, ése será la capacidad para sentirnos vulnerables (no débiles) porque sólo alguien que se sabe tan fuerte como para ser capaz de sufrir una pérdida o soportar una herida, puede mostrarse vulnerable.
Vive a pleno, conoce y disfruta tu vulnerabilidad
El Loko Maxy