Entregó el alma en sus manos porque quiso saberse capaz de volar
Renegó de su corazón y se lo arrancó para tirarlo en el vacío
De alguna mirada perdida
Olvidó las comidas, los caminos y el comino
Se divorció de su soledad a causa de su tesón salado, salido y soldado
Escribió su pena en las paredes que no eran de ladrillo
En los cuadernos que no conocían su letra
En los ojos que nunca fueron suyos
Y en los cielos sin estrellas fugaces ni luna llena.
Preguntó por su papá, por el Papa y por las papas
Y ningún árbol genealógico dio sus frutos
El clero dijo “al infierno pecador”
Y los tubérculos se esforzaron por mantenerse bajo tierra.
Quiso conocer nuevas temáticas, las reglas semánticas, las matemáticas
Y acabó por divorciarse definitivamente de las máquinas.
Sufrió cada vez que lo miraban por detrás de su mirada
Y descubrió que escudos y caretas son pasaportes seguros
A la soledad.
Descubrió el placer de refugiarse en el llanto
De no ser más que uno que vive y olvida.
Prefirió por un tiempo lo llano aunque siempre deseó ir cuestarriba
Se dijo “un día seré millonario con sólo una flor
Habitaré en tres o cuatro abrazos
Olvidaré los relojes y sólo tendré horario para morir
Recordaré siempre que soy alguien importante aunque sea el único que lo crea
Ningún vacío se llenará con olvido
Ninguna soledad podrá robarme el alma
Ningún temor apagará esta luz
Aunque me quede a oscuras.
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