¡Qué dificultad la de tener que disfrazarse de un trago de limón para que no nos lastimen!
La de estar siempre esquivando realidades y construyendo túneles hacia la fantasía. La de evadirse. La de irse
Pero no encuentro dificultad como la de disfrazarme de cucharada de aceite para que todo me resbale, para que todo pase; y por muchos intentos que haga nunca me sale. No puedo, el aceite parece muy duro de tragar, de tan blando. No puedo disfrazarme de aceite resbaloso; de oídos sordos.
Parece que en cambio prefiero ser un traje de abrojos donde todo se pega, todo se adhiere. ¿Un problema dando vueltas?, que se pegue. ¿Una lágrima que nadie quiere llorar?, nunca se me despegó. ¿Un tren con veinticinco vagones llenos de mujeres que quitan el aliento? ¡Qué nunca se despeguen! ¿Una flotilla de barcos repletos de sonrisas y noches desveladas vestidas de marineritos?, Adherida.
Todo se me pega, todo se me incrusta; todo se me une.
Y yo lo tiro todo a la basura… ¡Todo!
Los problemas, las lágrimas, los trenes repletos de mujeres. La flota de barcos… ¡Con sus sonrisas, sus noches y todos sus marineritos!
Todo lo echo, todo lo descarto; todo lo tiro. Todo lo cambio por un día, por un momento, por un instante, porque un segundo te adhieras a mi traje de mí y te quedes conmigo vestida con tu traje de vos
Desnuda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario