viernes, 17 de mayo de 2013

Nadie debería festejar la muerte de un ser humano

Nadie debería festejar la muerte de un ser humano. Incluso alguien tan oscuro y tan dañino para una parte de nuestra historia como fue Videla. No comparto que se festeje cuando alguien muere. Con todo, incluso alguien de esta calaña fue parte de nosotros, fue parte de nuestra sociedad y, en última instancia, fue esta sociedad y fue este mundo el que permitió la aparición de alguien como él. 

Y ahora es parte de nuestra identidad, de la memoria de que las sombras también se pueden alargar; de que si no nos cuidamos entre todos no hay garantías de nada. De que necesitamos de las sombras para poder tener presente el valor de las luz.

Qusiera cerrar ésta, mi postura tan discutible como todas, con un fragmento del poema de John Donne:

"Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti."

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