miércoles, 11 de enero de 2012

otros Otros como uno

Allá por el año 2000/01 llegó al gimnasio donde yo trabajaba una chica gorda. Esto fue lo primero que mi brillante percepción me permitió descubrir.

Al hacerle las preguntas habituales antes de empezar con un plan de actividad física esta chica me cuenta que la había mandado el médico. Hasta ahí todo bastante “normal” podría decirse. A poco tiempo de hablar con ella, me cuenta que lo que ella tenía era leucemia y que empezaba el gimnasio para “exorcizar los demonios”, esas fueron sus textuales palabras.

Lo primero que me llamó la atención de ella fue que siempre la veía sonriendo y de buen humor. A decir verdad no tengo recuerdos de haberla visto triste o de mal humor… llegaba al gimnasio y no paraba de hablar pero siempre con buen humor. Había un gran optimismo en ella.

Y yo me sentía muy bien porque sabía que lo que a ella le hacía bien era distraerse un poco, mostrar su fortaleza (que la tenía y la tiene) y, como parte de esto, de paso hacer la rutina de ejercicios.

Yo me sentía partícipe de su fortaleza y de su buen humor. Cuando alguien en el gimnasio se enteraba que ella tenía leucemia no lo podían creer. Qué importante es saber que las cosas son más como las tomamos nosotros mismos que como la cosas “son” de buenas o de malas. Lo bueno y lo malo lo decide cada quien y eso nos hace responsables de nuestras actitudes y conductas. Esta chica me lo estaba demostrando cada día.

Recuerdo Uno de esos días del pasado, yo le comenté del rincón cultural, este espacio que nació junto a ella que fue una de las primeras personas que lo integró, y enseguida quiso formar parte de todo el resto hasta hoy.

Con el tiempo dejé de verla, salvo las raras ocasiones en que me la encuentro en la calle y nos damos un abrazo tan grande como todo ese tiempo que estuvimos sin vernos; o en las mucho más frecuentes -aunque igualmente raras- ocasiones en que la cruzo en el ciber-espacio. De algun modo ella nunca dejó de estar presente, lee el rincón siempre, los contesta, los debate, los asimila y los rechaza según su propia visión del mundo y eso, creo yo, enriquece a todas las personas que forman parte de este rincón cultural.

Esta persona se llama Marcela, quienes lean los escasos, aunque siempre agradecidos, comentarios del blog, seguramente ya han leído cosas que ha escrito. Ella ha escrito y enviado cosas que vale la pena compartir y que seguramente compartiré de un momento a otro.

Cada tanto me pregunto el por qué del rincón y si vale la pena escribirlo… entre otras cosas me pregunto cómo toma la gente el que yo hable tanto de mí, de mis propias experiencias y de las cosas que viví. A veces pienso que eso me puede dar cierto aire “egocéntrico”.

En estos momentos recuerdo una de las respuestas de Marcela al rincón cultural, justamente, contándome una de aquellas experiencias; y ahí se hace manifiesta una de las cosas por las cuales siento que puedo compartir en este espacio lo que me pasa o me pasó: al habarles desde mí, desde mis vivencias y no desde la hermosa pero lejana teoría de algún eminente científico, logro plasmar (o eso creo) los sentimientos, sensaciones y emociones que tuve, logro plasmar algo de quien fui en aquél momento, de quien soy hoy dia... Logro mostrar que soy uno más como cualquiera y que a todos nos pasan más o menos las mismas cosas. Sé que me expongo innecesariamente al hacerlo, pero sigo creyendo que...

si al menos alguien de todos a quienes llego a traves de estas palabras se logra identificar con lo que digo,
iluminar con lo que digo,
confundir con lo que digo (el primer paso para aclararse es confundirse)
o lo que sea que le pase con lo que digo excepto que esto pase desapercibido, entonces habrá valido la pena mostrar quién en verdad soy, habrá valido la pena correr el riesgo de mostrarme vulnerable.

En un próximo rincon, quizas mañana, compartiré lo que escribió Marcela y yo con tanto cariño recordé, no se qué tanta actualidad tendrán aquellas palabras, mas la esencia del relato y a la historia de vida son atemporales y vale la pena compartirlas

Vive a pleno, disfruta el día

El Loko Maxy

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